Las antenas de telecomunicaciones no son perjudiciales para la salud
Las campañas de bulos y desinformación sobre los efectos dañinos de las antenas de telecomunicaciones, incluyendo palabras alarmistas como “radiación” o “cáncer” regresan periódicamente al escaparate digital en busca de seguidores de una doctrina que carece de base científica. Los estudios realizados demuestran que las antenas de telecomunicaciones no son perjudiciales para la salud, pero para entenderlo es imprescindible acudir a la ciencia.
Entender los mecanismos internos de un hito científico es fundamental para no tenerle miedo. Ya ha ocurrido antes con el gas, la electricidad y otros muchos avances que llegaron a sembrar el pánico entre usuarios y vecinos. Pocas personas saben realmente cómo funcionan las antenas de telecomunicaciones o qué es una onda de radio. Ese desconocimiento hace que cualquier alteración de la vida cotidiana que suceda a su alrededor las culpe del desastre y las use como diana de una guerra en la que nada tienen que ver.
Las BTS son las Estaciones Base de Telefonía móvil o de antenas en torres o edificios en cuyo interior se instalan unos equipos de radio que permiten su funcionamiento. Van colocadas en unos llamativos paneles blancos que pueden ser monobanda o multibanda. La radiación de las antenas es de tipo no ionizante. En otras palabras, no son capaces de sacar electrones del átomo, y apenas les afectan. Para la radiación de las antenas la materia (los humanos) somos invisibles. Nada tiene que ver con la radiación que mató a Marie Curie o afectó a nuestro continente desde Chernóbil. Las comunicaciones son radiaciones benignas, aunque lleva a confusión la existencia de la llamada hipersensibilidad electromagnética, enfermedad real que tampoco la provocan las antenas. El miedo a las antenas despierta fenómenos o síntomas de carácter psicosomático que agravan la hipersensibilidad electromagnética y difunde aún más el bulo.
En Europa tenemos una dura normativa de la radiación. Las antenas de emiten a nivel de calle por debajo de 200 µW/cm2, una radiación expresada en cantidad de energía por área y tiempo. El Sol nos envía miles de veces esa cantidad. Comprender cómo funciona una tecnología es fundamental para evitar alarmas y bulos que la propia OMS ha desmentido por completo.



